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El
Verdadero Oro de Nuestro Futuro
Free
trade agreement threatens Costa Rican environmental
protections
14
de septiembre de 2003 |
New
Internationalist |
Mark
Engler y Nadia Martínez
Para
los activistas que se dedican a la lucha aparentemente
imposible
contra los intereses multinacionales del petróleo,
la escena puede parecer
irreal. En mayo del 2002, el recién electo presidente
de Costa Rica Abel
Pacheco se paró en la plataforma para su discurso
de toma de posesión y declaró que su país
"no sería un enclave del petróleo
ni de la minería a cielo abierto". Pachecho
prometió que bajo las nuevas protecciones constitucionales,
tal extracción estaría prohibida. "El
verdadero combustible y el oro verdadero del futuro",
dijo, "serán el agua y el oxígeno,
nuestros terrenos acuíferos y nuestros bosques".
La
declaración significó un duro golpe para
Harken Energy, una compañía
de Texas que tiene estrechos vínculos con el
Presidente de EEUU George W. Bush. La compañía
había puesto sus miras precisamente en el tipo
de
explotación de recurso que sería prohibido
y sin duda había esperado el
tipo de servidumbre gubernamental que ha permitido que
la explotación de
recursos naturales en Latinoamérica se haya realizado
prácticamente sin control desde los primeros
días del colonialismo.
Pero
aunque la oposición del Presidente Pacheco era
quizás el signo de
derrota más evidente para las multinacionales,
era sólo una de muchas.
Por
más de tres años una coalición
de defensores del medio ambiente,
grupos comunitarios, sindicatos y organizaciones de
derechos de los indios habían batallado para
terminar con las extracciones. Además de hacer
de la exploración minera y petrolera un delicado
tema de campaña - reforzando la decisión
ambientalista del presidente - llevaron su batalla a
los tribunales, atrajeron el apoyo internacional y organizaron
la oposición
interna a fin de derrotar los planes de Harken. En el
proceso,
aseguraron una extraordinaria serie de victorias que
hicieron dar marcha atrás al destino del país
hacia la explotación insostenible de sus recursos.
Hablando
más alto que los megáfonos de las corporaciones
Durante
gran parte de su historia, Costa Rica ha sido una excepción
entre sus vecinos centroamericanos. La falta de recursos
minerales, las
débiles instituciones coloniales y el cultivo
temprano del café permitieron que se formaran
bases democráticas estables. En 1949 un presidente
que
recientemente se había enfrentado a un golpe
militar dio el
extraordinario paso de eliminar las fuerzas armadas
de Costa Rica. Las tradiciones de paz y democracia social
aislaron al país en los 70 y los 80, mientras
el resto de la región se veía empantanada
y la CIA trabajaba activamente.
Durante
ese tiempo Costa Rica desarrolló su próspera
industria
turística que es ahora la columna vertebral del
país. El orgullo nacional en la extraordinaria
biodiversidad del país, sus largas playas y sistemas
de
parques - unido a una limitada reserva de riquezas subterráneas
que
explotar - prepararon el terreno para una actitud oficial
en contra de las
industrias extractivas de recursos.
Pero
no siempre el gobierno estuvo en contra de la explotación
minera y
petrolífera. Costa Rica, como casi todas las
naciones latinoamericanas
durante los 90, sintieron la presión de una economía
enlentecida,
desempleo creciente y pobreza. Muchos acudieron a la
economía neoliberal en busca de soluciones. El
país comenzó a explorar nuevas vías
para atraer la inversión extranjera. A pesar
de su histórica política a favor del medio
ambiente, aprobó en 1994 una ley que dividía
al país en bloques para la exploración
petrolera.
Cuando
Miguel Ángel Rodríguez, un economista
y hombre de negocios, se
convirtió en presidente en 1998, negoció
una concesión de 10 de los 22
bloques a compañías norteamericanas y
canadienses. MKJ Explorations,
de Louisiana, compró intereses en la costa caribeña
y pronto se asoció a
Harken Energy para comenzar la exploración. Isaac
Rojas, miembro de la junta de Comunidades Ecológicas
La Ceiba, un afiliado costarricense de amigos de la
Tierra, dice que el Ministerio de Medio Ambiente bajo
el gobierno de Rodríguez "retrasó
el avance del país en materia de medio ambiente
unos treinta años".
El
lugar que el grupo Harken-MKJ seleccionó para
sus actividades fue la
región Talamaca en sudeste de Costa Rica -un
área prístina que descansa
entre varias áreas vírgenes protegidas.
Entre los que vivían en el
área hubo una comprensión inmediata de
que las plataformas de perforación podrían
amenazar la fauna marina, incluyendo a las tortugas
marinas, una especie en peligro de extinción.
Los habitantes se escandalizaron porque no se les había
consultado para el negocio. "Vimos un anuncio en
el periódico nacional diciendo que el gobierno
había aprobado concesiones para la exploración
de petróleo", dice Enrique Joseph, un guía
de turismo y trabajador de restaurante de 38 años
que creció en la zona. "En un plazo de dos
o tres días dimos la alerta roja".
Docenas
de grupos - desde organizaciones de agricultores y el
sindicato
de pescadores hasta dueños de pequeños
negocios, grupos religiosos y
biólogos marinos- se unieron en los meses siguientes
para formar Acción de Lucha Anti-Petrolera (ADELA).
En diciembre de 1999 se reunieron unas 250 personas
y redactaron una declaración en oposición
a las concesiones y declarando una moratoria en Talamanca.
La
declaración obtuvo la atención del país
y la estrategia legal dio
resultados. En septiembre del 2000 el Tribunal Supremo
anuló las
concesiones petroleras debido a que las comunidades
indígenas no fueron
consultadas debidamente.
Pero
dos meses más tarde, después de que Harken-MKJ
apeló la decisión, el Tribunal permitió
que los intereses petroleros continuaran sus
actividades en los bloques marinos donde no existían
comunidades indígenas. Los ejecutivos de las
corporaciones quedaron complacidos con el resultado,
porque sus objetivos principales de exploración
se encontraban en el mar, cerca de Puerto Moin. Como
había explicado meses antes el vice presidente
de Harken, Stephen Voss, "El prospecto de Moin
es la mayor estructura que la compañía
haya probado, y brinda a los accionistas de Harken grandes
posibilidades de que se descubran reservas significativas".
Desafortunadamente,
los prospectos del proyecto en cuanto a la
sostenibilidad no eran tan promisorios como las ganancias
que
esperaban. ADELA se dedicó a extender su mensaje
que, como dice Rojas, "la gente de la localidad
había expresado su firme oposición a la
actividad extractiva. Dijeron que eso no se podía
hacer".
Su
organización enfrentó varias dificultades.
Primero, sus fondos eran
insuficientes. "Descubrimos que las charlas que
dábamos por radio no
eran muy eficaces, porque las compañías
petroleras compraban la mayor parte del espacio disponible",
explica Joseph. "O si íbamos en un camión
con un megáfono, luego veíamos que la
compañía alquilaba tres vehículos
y hacía lo mismo".
Los
activistas se quejaron del "compadrazgo" que
parecía existir entre
los ejecutivos y los funcionarios del gobierno. Y vieron
que algunas
comunidades, particularmente en la ciudad de Limón,
venían a defender
el beneficio económico de la exploración
de recursos. "Las compañías
prometían nubes de oro", dice Rojas de su
experiencia con proyectos de
extracción, "y algunas personas les creían".
"Ver
a nuestros hermanos de Limón en contra nuestra,
debido a sus
falsas expectativas", agrega Joseph, "fue
la parte más dura de la campaña".
En
enero de l 2001, grupos como el Consejo de Defensa de
Recursos
Naturales (NRDC) y Alianza Legal Medio Ambiental en
Todo el Mundo (E-LAW) comenzaron a ayudar a la organización
local con apoyo financiero, investigación, recursos
legales y promoción internacional. En lo que
Jacob Scherr, director del Programa Internacional de
NRDC, describe como "probablemente uno de los más
grandes diluvios de correo que ellos hayan visto",
los que apoyaban la campaña enviaron a las compañías
petroleras y al gobierno costarricense unos 27 000 correos
electrónicos, faxes y cartas de protesta.
Ese
mismo año la campaña de ADELA para aumentar
la conciencia del
público hizo que el apoyo a la exploración
petrolera se convirtiera en un
riesgo político. El Presidente Rodríguez
quería continuar con las
concesiones, pero disminuyó su entusiasmo cuando
pareció que su posición podría
dañar a su partido en las elecciones. El candidato
de la oposición, Abel Pacheco, adoptó
una posición clara en cuanto al asunto; ya como
miembro de la Asamblea Legislativa había redactado
una propuesta para derogar la ley de hidrocarburos.
Según
Enrique Joseph, las cosas se movieron en Talamaca en
una reunión
entre ADELA y ejecutivos de Harken. "La gente se
sentía ofendida al ver cómo los ejecutivos
petroleros llegaban y actuaban groseramente con los
residentes, que eran muy respetados. Muchas personas
comenzaron a dudar de las 'promesas' de las compañías".
La
victoria llegó poco después. En febrero
de 2002 el secretariado
técnico nacional, SETENTA, rechazó los
planes de Harken-MKJ para la perforación marina.
Varios meses después el Ministerio de Medio Ambiente
rechazó una apelación de las compañías
petroleras. Su decisión señalaba más
de 50 razones de por qué la declaración
del impacto ambiental del proyecto era insuficiente
-una lista que repetía la meticulosa documentación
presentada por ADELA y sus aliados internacionales.
Al
tomar posesión de su cargo de presidente, Pacheco
juró agregar las
garantías medioambientales a la Constitución
de Costa Rica. Y el 5 de
junio firmó un decreto presidencial prohibiendo
la minería a cielo abierto.
La
lucha no ha terminado
Para
los activistas la lucha no ha terminado. Durante el
pasado año
varios retos han surgido que puede que determinen si
las prohibiciones de
Costa Rica permanezcan intactas como emblema del excepcionalismo
del país, y si pudiera convertirse en un modelo
de resistencia en otras partes.
Según
el National Law Journal, Harken no solo está
reclamando millones
de dólares en compensación por el dinero
que invirtió en la exploración,
sino que está tratando de usar disposiciones
de un tratado bilateral de
inversiones para cobrarle a Costa Rica $57 mil millones
por ganancias
perdidas y que tenía proyectadas. Aunque el Departamento
de Estado lo
niega, ADELA cree que el gobierno de EEUU ha cabildeado
a favor de las
compañías petroleras y que está
presionando a Costa Rica para que
suavice sus prohibiciones acerca de la extracción
de recursos. "Fuentes en Costa Rica nos han dicho
que la embajada de EEUU aquí ha estado presionando
al nuevo gobierno de Pacheco para que abra sus costas
a las compañías petroleras norteamericanas",
dijo Scherr en el NRDC.
Una
preocupación mayor para los activistas es que
los tratados que se
están negociando, como el Acuerdo de Libre Comercio
Centroamericano (ALCC), puedan poner en peligro las
protecciones de Costa Rica. Aunque el gobierno de Pacheco
ha defendido los derechos medioambientales, también
ha desarrollado con entusiasmo una agenda neoliberal
de "libre comercio".
En
América del Norte, el Capítulo 11 del
TLCAN ha permitido que las
compañías demanden judicialmente a los
gobiernos cuyas leyes
medioambientales interfieran con su negocio. El reto
para Costa Rica
es cuidarse de situaciones similares.
A
mediados de junio ADELA llegó a un acuerdo con
el gobierno en
relación con la derogación de la ley de
hidrocarburos. Los activistas acordaron mantener partes
de la ley que permiten al Ministerio de Medio Ambiente
regular a las refinerías de petróleo.
El acuerdo insiste en que una comisión gubernamental
continuará revisando los acuerdos comerciales
para garantizar que ninguna disposición invalide
las leyes ambientalistas nacionales.
Pero
las reclamaciones judiciales ya han comenzado a afectar
la batalla
por la prohibición de la actividad minera. El
decreto del Presidente tiene
que ver solo con futuros proyectos mineros. Permite
a las compañías que ya habían recibido
concesiones antes de la prohibición a continuar
sus
actividades. La Cámara Constitucional decidió
en octubre de 2002 que
Vanessa Ventures, una firma minera canadiense, quedara
exenta de la
prohibición sobre esa base. Un tribunal falló
en contra del Ministerio
de Medio Ambiente por retrasar la aprobación
del proyecto Las Crucitas de
Vanessa. La compañía está amenazando
con una reclamación judicial por
$200 millones bajo el Acuerdo de Promoción y
Protección de Inversiones
Extranjeras si las operaciones mineras no comienzan
pronto.
Aunque
puede ser imposible detener la concesión existente,
los
costarricenses se han dedicado a fortalecer las futuras
protecciones.
"Necesitamos convertir en ley el decreto presidencial,
ya que el
decreto puede ser modificado o derogado; no es permanente",
argumenta Rojas.
El
Presidente Pacheco envió su Proyecto de Derechos
Ambientalistas a la
legislatura en septiembre del 2002, y los políticos
actualmente estánnegociando
el texto de la legislación. Los sucesos en la
escena
internacional son también promisorios. "Siempre
deseé que nuestro país
no fuera una excepción", dice Joseph, "que
la gente lo viera como un
modelo de lo que puede hacerse". En varios países
ya eso ha sucedido.
En
Ecuador, activistas del medio ambiente han intentado
replicar el
ejemplo costarricense. En junio le presentaron al nuevo
gobierno de Lucio
Gutiérrez una propuesta de prohibición
de la expansión de la frontera petrolera.
Pero
garantizar una prohibición en Ecuador es una
tarea difícil. La
explotación petrolera, que comenzó en
Ecuador hace 30 años, ha contaminado no sólo
al medio ambiente, sino también la política
del país. Como explicó en una entrevista
Ferry Kart, profesor de Ciencias Políticas en
la Universidad de Stanford, a la Red Ambientalista de
Noticias "Una vez que la explotación petrolera
comienza, se obtiene lo que yo llamo la petrolización
de la política, y en donde esto haya ocurrido,
nunca se obtendrá una situación como la
de Costa Rica".
En
Nicaragua la situación es más esperanzadora.
Recientemente el
gobierno nicaragüense otorgó licencias de
exploración a varias compañías
norteamericanas, entre ellas a MKJ Xplorations. En mayo activistas nicaragüenses en la red Oilwatch hicieron un llamado a su gobierno para que instituyera una moratoria a las concesiones petroleras. Aunque
nuevas campañas presentan retos propios, los activistas costarricenses pueden sentirse satisfechos de lo que han logrado. "Esta es una victoria parcial, un paso hacia el logro de un cambio más profundo", dice Isaac Rojas. "Por supuesto, nos da cierta alegría. Demuestra que teníamos razón". Enrique Joseph está de acuerdo. "Desde el principio", dice, "sentí que nos iba a ir bien en esta batalla. Las compañías no estaban dispuestas a debatir con nosotros, pero nuestros argumentos eran fuertes. Los latinoamericanos han soportado mucho sufrimiento. Al menos esto es una garantía de que, a mi edad, puedo continuar viviendo en un lugar hermoso. Quiero que mis hijos y sus hijos corran en las playas y vean que aún están allí los árboles". -- Este artículo apareció originalmente en la revista New Internationalist. Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web http://www.DemocracyUprising.com. Nadia Martínez es Investigadora Asistente de la Red de Energía y Economía Sostenibles, un proyecto del Instituto para Estudios de Política de Washington, D.C. (www.seen.org). Traducido por Progreso Semanal arriba |