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Opinión
Derogar
la Ley de Hidrocarburos
Rodrigo A. Carazo
Costa Rica ha decidido basar mucho de su desarrollo en la
conservación de los recursos naturales y ha hecho ingentes
esfuerzos para lograrlo. De ello ha obtenido resultados positivos:
el turismo ha llegado a convertirse en la principal fuente
de divisas para un país que ofrece, como máximo
atractivo, su vocación proteccionista de recursos naturales.
Explorar y explotar hidrocarburos es una actividad en extinción,
claramente perjudicial para el medio ambiente y sin ningún
beneficio para el país en donde se realiza. Es inconcebible
que, al entrar al siglo XXI, se califique esa actividad como
de "interés público", tal como lo
hace la Ley de Hidrocarburos 7399, de mayo de 1994.
La extracción de combustibles fósiles, como
el petróleo, no solo es altamente degradante del entorno
ambiental y social de los sitios donde se desarrolla, sino
que viene a agregar materia prima al proceso de emisión
de gases de efecto invernadero, causantes del fenómeno
de cambio climático que se yergue como la más
seria amenaza para la preservación de la vida humana
con calidad en las décadas por venir. Costa Rica ha
comprendido la urgencia y se propone contribuir a la reducción
de las emisiones de gases de efecto invernadero tanto a nivel
nacional como a nivel internacional. Abandonar fútiles
esfuerzos para encontrar petróleo en una zona geológica
como es la territorial y marina de Costa Rica, que ha demostrado
que sus existencias son solo marginales, sería consecuente
con las declaratorias y políticas nacionales en relación
con la necesidad de revertir el cambio climático. Habrá
de ser complementada, sin duda, por una política nacional
energética basada en la sustentabilidad.
Derogar la ley de hidrocarburos y su calificación de
la actividad de exploración y explotación de
hidrocarburos como de interés público sería,
no solo un importante precedente a nivel internacional y un
ejemplo de posición consistente con los propósitos
de contruir una sociedad internacional sustentable, sino que
generaría enorme prestigio para Costa Rica en el campo
internacional y una ventaja comparativa para la consolidación
y crecimiento de las actividades de desarrollo sostenible,
como el ecoturismo, que se han derivado de la política
conservacionista de recursos adoptada por el país.
Vale la pena hacerlo. Costa Rica se destacaría, una
vez más.
La experiencia del país en el campo petrolero, en el
período en que ha estado vigente la ley, no hace más
que confirmar lo que ya la historia ha demostrado: las existencias
de hidrocarburos en el territorio nacional, por marginales
que son, no interesan a quienes desarrollan a gran escala,
y con responsabilidad social y ambiental, la actividad petrolera.
En buena hora, para Costa Rica, que ello sea así.
El
autor fue miembro de adela y es diputado nacional por el Partido
Acción Ciudadana.
Proyecto
de Ley
El siguiente es el texto del proyecto de Ley presentado a
la corriente legislativa el 10 de abril del 2002 por el entonces
diputado y ahora presidente de la República Abel Pacheco
de la Espriella. En estos momentos se encuentra bajo estudio
de la Comisión Permanente Especial de Ambiente.
Artículo
1. Deróguese la Ley de Hidrocarburos, No. 7399, del
3 de mayo de 1994.
Transitorio I. La Dirección General de Hidrocarburos
pasará a formar parte, como unidad administrativa de
línea, del Ministerio del Ambiente y Energía.
Estará integrada por el Director General de Hidrocarburos
y el personal administrativo que requiera.
Transitorio II. El Consejo de Gobierno solicitará a
los miembros del Consejo Técnico de Hidrocarbburos
la renuncia a sus cargos por el resto del período por
el que hubieran sido nombrados, agradeciendo sus servicios
y procurando que ello no signifique erogación alguna
para el Fisco.
Artículo 2. Rige a partir de su publicación.
Expediente 14.630
Buscando
lo agotable en tanto destruye lo eterno
Rodrigo Carazo Odio
Desde
que Costa Rica encontró la mina del turismo y aprendió
a desprenderse de las ilusiones petroleras y mineras, puesto
que con ellas no habrá jamás conservación
de recursos naturales, ni cara para atraer visitantes a un
país que estaría buscando lo agotable en tanto
destruye lo eterno; desde que Costa Rica predica la idea de
que es mejor “vender la presencia de un árbol
millones de veces (turismo) y no sólo una”. Como
lo hemos dicho en tantas ocasiones, atrás quedó
para siempre la opción petrolera. Esto es lo real,
cualquier opción petrolera y minera es obsoleta.
Antes de que el turismo fuese lo que es, antes de que en Costa
Rica se diera el verdader valor que tiene a la conservación
de la naturaleza, cabía hablar de petróleo,
hoy no. Por ello desautorizo cualquier referencia contraria
a lo anterior que se haga en palabras de quien suscribe.
En cuanto a mi posición como Presidente de la República
al respecto, reproduzco dos párrafos de mis palabras
dichas al iniciarse la perforación de Uatsi, Talamanca,
el 24 de octubre de 1981 en sesión allí celebrada
por el Consejo de Gobierno: “No debemos los costarricense
-jamás- comprometer nuestros intereses petroleros con
ninguna compañía transnacional”.
“El gobierno de la República se incorporó
a la filosofía de la nacionalización del petróleo
cuando dijo que no era necesario que la Asamblea Legislativa
legislara sobre el particular porque la Constitución
Política de nuestro país establece con claridad
que los recursos minerales, que los hidrocarburos, son propiedad
del Estado y, por lo tanto, son del pueblo de Costa Rica y
no necesitamos legislación específica porque
no estamos dipuestos a darle concesión a nadie para
que venga a explorar y para que venga eventualmente a explotar
nuestro petróleo”.
El autor es expresidente de la República y el texto
fue tomado de una carta enviada a la Comisión Ambiental
de la Asamblea Legislativa, el 22 de agosto del 2002.
¿Quién
debe demandar a quién?
Enrique Joseph Jackson
Hace un poco mas de dos años, un grupo de dirigentes
de distintos sectores del cantón de Talamanca se reunieron
en la comunidad de Zuretka, en la reserva indígena,
y acordaron luchar contra el proyecto de exploración
y explotación petrolera en el Caribe de nuestro país.
Un grupo de mujeres y hombres decididos a defender el legado
de la Naturaleza y el derecho a vivir en un ambiente sano
y ecológicamente equilibrado, y con la firme consigna
de declarar a nuestro país libre de exploraciones y
explotaciones petroleras, iniciamos esta lucha en la cual
muchos sectores y agrupaciones de Talamanca, del cantón
central de Limón y del resto del país se unieron
para formar la agrupación adela.
En nuestra lucha anti-petrolera sufrimos muchos insultos por
parte de personas afines a la actividad petrolera, incluso
de los mismos dueños de la empresa, cosa que a nosotros
nos afecta, pero aplicamos el viejo dicho que dice que las
palabras se toman dependiendo de quien vengan. Lo que no me
parece es que el dueño de la empresa petrolera se atreva
a decir que han invertido 12 millones de dólares en
este proyecto cuando el plan de inversión firmado con
el gobierno habla de 3 millones de dólares; la pregunta
es: donde se fueron los otros 9 millones de dólares.
Por otro lado, el señor Brent P. Abadie, presidente
de la empresa petrolera, en una carta con fecha 1 de abril
del 2001 dirigida a la señorita Jody Lanier, le dice
en el segundo párrafo que Talamanca no tiene costa,
que es un gran valle poblado por indígenas que comen
carne de mono y aves tropicales para poder subsistir.
Sin aclarar primero al gobierno de la República sobre
la diferencia en montos de inversión, mostrando un
alto grado de desconocimiento de nuestro país y, lo
peor, hablando mal de nuestros hermanos indígenas,
es cierto pasan por una mala situación, pero no al
grado en que refiere en su carta, de forma tan despectiva,
pretenda demandar a nuestro país por 80 millones de
dólares, solo por defendernos de personas como ´él
y de empresas como de la que él es presidente.
Nosotros, como costarricenses que somos, debemos agradecer
y respaldar a setena, a la ex ministra de Ambiente y Energía
por su atinada decisión de rechazar el eia y la apelación
presentada por Abadie y sus servidores, porque lo que pretendían
estos señores era acabar con nuestro territorio convirtiéndonos
en un enclave petrolero donde los únicos ricos serian
ellos.
Tenemos la obligación de apoyar a nuestro gobierno
en esta tarea de sacar de nuestro país a estos filibusteros,
a estos mercaderes de la estabilidad social de los países
latinoamericanos, que con sus palabras y gestos de buena fe
ingresan a nuestro país y después de darse cuenta
que ya no usamos taparrabo, sacan sus uñas demostrando
lo que verdaderamente son. En una forma equivocada se les
abrió la puerta y de una forma muy atinada rectificamos
los errores del pasado. Ahora nos insultan, tratan mal a nuestros
indígenas y pretenden engañarnos con números
que no concuerdan. La pregunta es quién debería
demandar a quién.
El autor es empresario turístico, activista
integrante de adela y originario del Caribe Sur.
Sinvergüenzas
Freddy Pacheco
No
se les puede llamar de otra manera. Llegaron, según
dijeron, para colaborar con el desarrollo de Costa Rica y,
desde un inicio, contaron con el apoyo singular y activo de
su representación diplomática, que a su vez
transmite las instrucciones recibidas desde la oficina de
su Presidente. Se presentaron como amigos dispuestos a sacrificarse
en aras del progreso de esta “pequeña y democrática
nación”.
Pero algo sucedió; algo inesperado que los hizo cambiar
de actitud.
Cuando creían que todos en Costa Rica les iban a entregar
sus brazos, corazones y riquezas naturales, a cambio de un
mañana donde la destrucción ambiental arrasaría
con los sueños de alcanzar un desarrollo sustentable,
cambiaron de actitud y se mostraron tal y como realmente eran:
como unos sinvergüenzas.
Así, al haberse estipulado técnicamente, por
el organismo estatal responsable de la protección ambiental
(setena) que el proyecto de exploración petrolera no
era ambientalmente viable, ahora dicen que los costarricenses
debemos compensarlos por la pérdida de ganancias que
iban a recibir, pues la concesión para explorar que
les fuera otorgada (¡antes de que ni siquiera hubieren
elaborado el estudio de impacto ambiental!) les da base para
reclamar, el pago de la astronómica suma de 59 mil
millones de dolares, pues, ¡qué interesante!,
sus estudios privados y secretos “sugieren que las reservas
de petróleo serían mucho mayores que las que
antes se habían estimado” (dice Brent Abadie,
presidente de mkj Xplorations, en declaraciones que publica
el Tico Times del 19 de julio).
Ese es el trato que Bush, Danilovich y Cía. nos tenían
reservado. Si el producto nacional bruto de Costa Rica es
de solo 16 mil millones de dólares, pareciera que todos
los ticos tendríamos que prepararnos a trabajar como
esclavos por quién sabe cuántos años,
para “compensar” a los petroleros de Texas que,
como en la era de William Walker, soñaban con la colonización
total del istmo. (Ahora se fueron con sus planes para Nicaragua).
Dice Abadie que está negociando con el señor
ministro de Ambiente, don Carlos Manuel Rodríguez,
para lograr un final satisfactorio para el contrato de concesión.
Como el señor ministro es un excelente conocedor de
las leyes, confiamos en que, más allá de las
presiones bushianas, le explique en qué consiste la
viabilidad inherente a los estudios de impacto ambiental.
La concesión era una expectativa sujeta a la aprobación
de ese importante estudio... y éste fue rechazado.
¿O querían ejecutar su ambicioso proyecto cuando
todavía estaba en trámite el requisito de la
viabilidad ambiental, como tristemente sucedió con
el basurero de La Carpio? ¡Qué carebarros!
El Ph.D. Freddy Pacheco es investigador y docente de la Universidad
Nacional.
Ojalá
no encuentren...
Leonardo Garnier
Podría oponerme a las exploraciones petroleras porque
es hacer un gasto tonto: meter un montón de plata para,
luego, no encontrar nada. Podría oponerme porque, aún
en el caso de que encontráramos algo, el costo ambiental
sería mayor que los beneficios. O podría oponerme
porque crea probablemente con razón que el país
cargará con los daños ambientales pero disfrutará
muy poco de los beneficios. Pero no. Yo me opongo a estas
exploraciones no sólo porque los costos ambientales
sean mayores a los posibles beneficios, ni porque podríamos
no encontrar nada... sino más bien porque pienso que
lo peor que nos podría pasar ¡es encontrar petróleo!
Nada más dañino para un país, para una
sociedad, para una familia, que hacerse rico de la noche a
la mañana, sin que medie para ello un esfuerzo sostenido,
sin haber construido la capacidad productiva que le dé
sustento y sin que, en el proceso, se hayan generado los canales
y medios para la mejor distribución y aprovechamiento
de esa nueva riqueza que, por lo general, se despilfarra y
se agota. El fenómeno es tan conocido que tiene un
nombre: enfermedad holandesa.
En 1959, Holanda descubrió una gigantesca reserva de
gas natural que le generó más de $2 mil millones
en los siguientes 20 años y un ahorro de más
de $3.5 mil millones en importaciones. Ese extraordinario
ingreso caído del cielo (o salido del suelo) se tradujo
en aumentos igualmente extraordinarios de los salarios, el
consumo y el gasto... sin un aumento paralelo de la productividad
del resto de la economía que les diera sustento. A
pesar de su fortaleza, los sectores productivos holandeses
no podían aguantar esos niveles de gasto, y eso provocó
un impresionante proceso de desindustrialización: durante
la primera mitad de los setenta la inversión bruta
cayó en más de un 15%, el desempleo pasó
de apenas un 1% a un alarmante 5% y la rentabilidad de la
inversión cayó de 17% a un 3.5%. La aparente
bendición de la nueva riqueza fue una verdadera maldición.
Esa ha sido la historia de los países petroleros. Y
ha sido también lo que ha ocurrido con la mayoría
de las privatizaciones: generaron enormes recursos fáciles
que, luego, se esfumaron... mientras los problemas de fondo
seguían ahí.
La única apuesta válida, cuando hablamos de
desarrollo, es la apuesta por la productividad y la redistribución.
Por eso, no es petróleo lo que tenemos que buscar,
sino las formas de aprovechar tanto las inversiones educativas
y sociales que hemos sabido hacer, como las inversiones y
esfuerzos por conocer y defender nuestra riqueza natural.
Hay que ir abandonando los viejos esquemas que hacían
un uso extensivo, mal pagado y depredatorio del ambiente y
de la gente, para consolidar una nueva economía en
la que, para ser buen negocio, las inversiones tengan que
saber aprovechar, cultivar y, por supuesto, remunerar nuestra
verdadera riqueza: un recurso humano calificado, culto, flexible,
capaz de innovar y unos recursos naturales ricos, diversos
y sostenibles. Esto es mucho más difícil que
encontrar petróleo pero, por eso mismo, es el camino
que vale la pena.
El
autor es exministro de planificación.
La
gente y las petroleras
Fabián Pacheco Rodríguez
No se si escribir esta carta como el hijo de un posible presidente
o como el ecologista que soy, pero lo que sí tengo
claro es que la decisión acerca de si es o no posible
la explotación petrolera en Costa Rica no debe ser
una decisión tomada por el gobierno en turno. Tanto
el gobierno de José María Figueres como el de
Miguel Ángel Rodríguez nos han vendido a la
compañía petrolera, y en estos momentos todo
depende de la decisión de setena, que se encuentra
entre la espada y la pared debido a las presiones gubernamentales
y diplomáticas.
Por más pronunciamientos en contra de las exploraciones
petroleras que lancen los actuales candidatos, el juego esta
diseñado de tal forma que legalmente solo quedan dos
caminos. Si se aprueba el mediocre estudio ambiental presentado
por la compañía en estos días en setena,
al futuro gobierno no le quedará más que bailarle
el compás a la compañía y sufrir el repudio
nacional, o bien podría romper con el contrato y, en
consecuencia, Costa Rica se vería sometida a más
presiones y sanciones por parte del gobierno de ee.uu.
Considerando
lo anteriormente mencionado debemos ser los costarricenses
quienes conquistemos una vez más nuestra soberanía
y recordemos a nuestros gobernantes lo sucedido con alcoa
y el Combo del ice. Para concluir, hago un llamado a quienes
toman estas decisiones que ponen en juego la vida misma del
planeta y les indico que lo mejor será colocar a este
país en la vanguardia de la preservación, derogando
la ley de hidrocarburos y declarando nuestras tierras libres
de explotación petrolera, así como don Pepe
Figueres tuvo la visionaria idea de derogar el ejército
y colocar a este país a la vanguardia en la búsqueda
de la paz.
Debo recalcar que el prestigio internacional que obtendría
nuestro país y su gobierno si se impone como protector
de sus ecosistemas y comunidades será de dimensiones
gigantescas; esto tendría como consecuencia un vasto
apoyo de otros sectores internacionales, entre otros beneficios
aún más grandes. Sin embargo creo que, en esta
historia, será la sociedad civil quien tendrá
que ganarse los méritos y defender a capa y espada
los recursos naturales.
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