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¿Conocemos
la riqueza biológica de nuestro Caribe Sur?
Julio
Magaña Cubillo, Curador de Moluscos Marinos,
Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio)
Edición periodística: Karla Sanabria
No
hay ninguna duda que el Caribe costarricense es uno
de los sitios de mayor riqueza cultural, debido a la
confluencia de varios grupos sociales, algunas de las
cuales son consideradas minorías, como los afro
caribeños, bribris y cabécares, en contraste
con la cultura mestiza hispano parlante, que predomina
en el resto del país.
Este
crisol, lo podemos notar al escuchar las diversas lenguas,
al degustar sus comidas, y muy en particular en la idiosincrasia
de cada comunidad, indiscutiblemente única en
toda Costa Rica, la cual denota la relación del
ser humano con su entorno a lo largo de muchos años,
y en algunos casos siglos de vivir en armonía
con su medio.
Con seguridad, algunos de los grupos étnicos
limonenses son parte de las culturas más antiguas
del país, que nos dan un ejemplo de convivencia
armoniosa con su riqueza natural, que es fácilmente
perceptible al llegar a Talamanca, tal vez por el mismo
hecho de haberse mantenido relativamente aislada del
resto de Costa Rica, por la misma inaccesibilidad en
la que estuvo por muchos años.
Pero un poco menos perceptible, para la mayoría
de los costarricenses, es la diversidad biológica
marina que este sitio encierra, salvo para la gente
que vive en poblados como Manzanillo o Cahuita, cuya
actividad económica depende grandemente del mar,
y de la mayoría de la vida que este encierra.
El equipo de Inventario del Instituto Nacional de Biodiversidad
(INBio), ha estudiado por tres años los moluscos
marinos en el caribe sur costarricense: caracoles, babosas
marinas y bivalvos (como almejas y ostras) y otros animales
con concha. Éstos representan el grupo más
diverso de invertebrados marinos, jugando un papel importantísimo
en los ecosistemas.
El trabajo de campo y laboratorio se ha realizado con
un equipo en su mayoría costarricense, incluyendo
a los parataxónomos, quienes son personas de
origen rural que son capacitadas para la recolecta y
clasificación preliminar de los grupos biológicos
en estudio. El grupo se completa con dos especialistas
latinoamericanos, los doctores Jesús Ortea y
José Espinosa de la Universidad de Oviedo, España
y el Instituto de Oceanología de la Habana, Cuba,
respectivamente, quienes nos han asesorado tanto en
la recolecta de material biológico, como en aspectos
taxonómicos.
Dichos especialistas se han mostrado sorprendidos por
la gran biodiversidad de este sitio, que puede ser catalogado
como único en todo el Caribe y en el mundo, por
las siguientes razones:
En los arrecifes de Manzanillo de las 472 especies inventariadas,
más de 200 son nuevos registros para Costa Rica,
además 1 género y 43 especies han resultado
ser nuevas para la ciencia, 17 de las cuales ya han
sido publicadas y el resto están en estudio.
Además
hemos localizado varias especies que no estaban reportadas
en el resto de la costa caribe de América, otras
que solamente tenían reportes en el Caribe insular,
así como géneros que duplican y hasta
triplican el número de especies conocidas hasta
el momento en todo el Caribe.
Espinosa
y Ortea explican, que los moluscos, por la variedad
de nichos (hábitos alimenticios) que ocupan en
ecosistemas marinos como consumidores primarios, carnívoros,
parásitos, filtradores (detritófagos),
etc, han sido considerados por la ONU como un grupo
focal para medir la biodiversidad marina de un lugar,
debido a las interrelaciones de éstos con otros
grupos de fauna,; es decir, que la biodiversidad encontrada
en este grupo de animales puede ser proporcional a la
diversidad marina en general de nuestro Caribe.
El Caribe continental centroamericano ha sido muy poco
estudiado, salvo por aislados estudios de Petuch, en
la costa hondureña y de Olsson y McGinty en Bocas
del Toro, Panamá. Ambos estudios han sido muy
exitosos por la gran cantidad de nuevos registros encontrados,
así como de especies vivas que se consideraban
fósiles.
Nuestro Caribe Sur y especialmente el Refugio de Vida
Silvestre Gandoca-Manzanillo, constituye un sitio intermedio
entre estos lugares ya estudiados, en el cual la fauna
no coincide con la reportada para Bocas del Toro, por
lo que se sugiere que el Río Sixaola, puede constituir
una gran barrera de especiación, por ser una
gran salida de agua dulce al mar.
Esta
condición ha hecho que muchos organismos de apenas
milímetros no pueden cruzar, ni tampoco sus larvas.
Por ende estos arrecifes pueden representar el único
sitio en el mundo donde se encuentren tales especies,
mientras no se reporten las mismas especies en otros
sitios.
De seguir el ritmo de crecimiento en el número
de especies incorporadas al inventario (que actualmente
llega a las cuatrocientas setenta y dos) podríamos
llegar en dos o tres años de investigación,
a las ochocientas especies en la pequeña porción
de línea costera que va desde Punta Cahuita hasta
Punta Mona en la provincia de Limón. Esto significa
más del 10 % de la fauna de moluscos marinos
existente en ambas costas de América y de Norte
a Sur. Esta fauna podría ser de unas siete mil
especies descritas.
Por
las razones citadas anteriormente es certero que los
costarricenses podemos tener un criterio mucho más
amplio acerca de lo que nuestra riqueza marina representa,
basándonos en formas de vida que nos es difícil
ver a simple vista, pero que existen y que podrían
tener una utilidad inmediata para nuestro país
y la humanidad, en medicina, industria, o algún
tipo de turismo ecológico submarino.
Pero
de manera independiente a los usos económicos
que podamos hacer de nuestros recursos marinos, debemos
respetar esa biodiversidad existente en este y otros
sitios por el simple hecho de que forman parte del delicado
ordenamiento que sostiene la vida en nuestro planeta.
En el que no estamos solos, pues la existencia de nuestra
especie depende también de que perpetuemos la
existencia de todos los demás organismos con
los que interactuamos y este equilibrio tiene más
valor que cualquier bien económico inmediato.
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